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Dos principios

En redes sociales hemos decidido abrir un poco más de boca con El orgullo del dragón compartiendo la primera página del primer capítulo y la primera página del segundo capítulo. Esto es solo el principio porque mañana ya podréis acceder a los CUATRO primeros capítulos de la novela. Hasta el momento, traemos también a la web ambos textos.

Viria

Era el mejor de los lugares; era el peor de los lugares.
Nadie en su sano juicio habría considerado jamás los bajos fondos de Arxia un posible paraíso, a excepción de Vianney Lavalle. Lo que otros creían una bajada a los infiernos, en su caso se percibía como un peligroso pero agradable paseo por el Purgatorio. A Via, que consideraba que no dejaba de transitar de un lado a otro, perteneciendo a todo y a la vez a nada, los lugares a medio camino siempre le habían resultado atrayentes.
Por eso adoraba las tardes como aquella, en las que sólo tenía que enfundarse en ropas más pobres de lo que le correspondían y perderse en aquellos callejones en los que jamás debería haberse metido.
Aunque, si aquel día no lo hubiera hecho, quizás alguien se hubiera consumido de verdad para siempre en el Infierno.
Por supuesto, Via no pensaba en salvar a nadie aquel 20 de Alter de 1852. A sus dieciséis años ya había comprendido que lo más importante en Viria era salvarse a uno mismo. Tal vez el mes de…

GineykaPrimer

Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, sin nada que aportar a su familia, necesita una adoptante. Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones, excepto cuando se vive en su misma familia. Irati Burgoa ya había visto a uno de sus hermanos ser adoptado tres años atrás. Itzal tuvo la suerte de embarazar a la primera mujer que se interesó por él, sin dificultades, con sólo acostarse una vez con ella. Su adopción por parte de Arrate Erdi había sido casi inmediata una vez que se supo que estaba en estado. Ahora ya era padre de dos niñas preciosas y sólo tenía que preocuparse de cuidarlas y educarlas adecuadamente mientras Arrate dirigía su fábrica. Para él, todo había salido bien. Es más, mejor que bien. Con diecinueve años, Itzal tenía su futuro resuelto e Irati no podía negar que la rapidez con la que todo había ocurrido había sido un alivio al resultar en una boca menos que alimentar en casa. La madre de Irati había…

 

¡Hasta mañana!

1 comentario en “Dos principios”

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