El Ministerio del Tiempo: los sentimientos son los que son

Hola, lectores. Aquí Iria. Hoy no venimos con ninguna noticia sobre nuestras novelas, hoy es uno de esos días en los que me adueño de la web para hablar de aquello que me apetezca hablar. Y hoy, ese algo es una serie que, si me seguís en redes, sabéis que me encanta.

Ayer se puso punto y final a la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo, una ficción que -inesperadamente, porque cuando se anunció no esperaba absolutamente nada de ella- se ha convertido en una de mis favoritas de los últimos tiempos. Si habrá una tercera temporada o el capítulo que vimos ayer ha sido el completo final, nadie lo sabe, y quizá es eso lo que me anima a escribir esta entrada.

Quiero hablaros del Ministerio del Tiempo, pero no voy a decir lo que todo el mundo ha dicho ya: que el Ministerio es la primera serie española que crea semejante fenómeno social, que es una serie didáctica, que aprovecha el universo transmedia como nadie… Eso ya lo sabéis. O deberíais, si estáis en esta entrada. El Ministerio es una serie especial, objetivamente, por mil motivos. Pero yo no soy crítica, y esta web no va de analizar series. Cuando hice la crítica hacia After hablé de todo lo horrible que podía haber en ese libro, hablé de mensajes, no hablé de literatura como tal. Hoy quiero hacer algo parecido con el Ministerio: quiero hablaros de sus mensajes, en este caso positivos, de mi interpretación y de mis sentimientos al respecto.

Y esto, por supuesto, es mi opinión. Ni menos, ni más. Así pues, vamos a por mis razones por las cuales el Ministerio del Tiempo debe ser vista, disfrutada y, sobre todo, pensada. No habrá spoilers por si alguien lee esta entrada sin haber terminado la serie o sin haber empezado siquiera.

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1. Porque es una serie humana.

El Ministerio del Tiempo es la prueba evidente de que la fantasía siempre ha hablado de la realidad, por más que algunos se empeñen en decir que es un género de escapismo (¡ja! ¡como si los autores de fantasía fuéramos Houdini, no te jode!). El Ministerio te habla de tú a tú de temas que importan y que todos podemos comprender: la vida, la muerte, la familia, el amor, la identidad… Habla incluso de la actualidad de nuestro país. Nos han enseñado a un personaje que viene de los Tercios parando un desahucio y a personas que pueden viajar por el tiempo quejándose de su sueldo. El Ministerio no trata de contarnos grandes tramas enrevesadas (aunque también las tenga) sino que trata de hablarnos de nosotros mismos, de sentimientos, de emoción. El Ministerio del Tiempo es grande porque te identificas. Porque tú también puedes ser uno de sus funcionarios, o al menos tienes una vida como la de ellos. Bien, puede que no viajes por el tiempo, pero esa es la única diferencia. Porque, bien pensado, ¿de qué les sirve a los funcionarios viajar por el tiempo?

2. Porque nos enseña a aceptar el dolor. A aceptarnos.

Precisamente respondiendo a mi pregunta anterior va esta respuesta: el Ministerio te habla de personas y te habla de su dolor. Te habla de la ruptura de varias familias, de la pérdida de seres queridos, del deseo de una muerte digna, de la responsabilidad de nuestras equivocaciones. Te habla de muchas cosas y, sinceramente, algunas muy poco agradables. Y te habla de esas cosas con personas que podrían cambiar lo que quisieran… y no lo hacen. Quiero que subrayemos esto: tienen ese poder, y no lo usan para cambiar el dolor que hay en su vida. Podrían hacerlo desaparecer todo, podrían hacer que todo fuese a mejor según sus propios deseos. Y no lo hacen.  Y, venga, ¿realmente pensáis que son las “leyes” del Ministerio lo que los detiene? ¿”El tiempo es el que es”? Las leyes, el lema, le importan una mierda a las personas realmente desesperadas. De hecho, hay personajes así que cambian su historia, o que lo intentan, pero ¿va de eso, la serie? ¿De cambiar nuestra historia? No. De hecho, va de todo lo contrario. Va de aceptarla y superarla. El hecho mismo de que el Ministerio tenga que preservar la Historia de España, sabiendo todos los errores que hemos tenido, es una muestra de ello. Pero sobre todo la muestra está en los personajes: todos ellos, incluso Julián, terminan aceptando el dolor que hay en su vida. Siguen adelante con él, sin cambiarlo, o cambiando cosas cuyo resultado pueden incluso acarrearles más dolor.

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Cuando crees que te han jodido suficiente y descubres que te pueden joder todavía más. Esa es la vida de Julián.

Al final, todos los personajes sufren, y todos los personajes, sin excepción, aceptan ese sufrimiento como una parte más de su vida. El Ministerio nos enseña a aceptar cosas complicadas, muy complicadas. Nos dice que en el mundo, a todas horas, pasan cosas injustas, y que también hay que aceptar eso porque no siempre podemos hacer algo para evitarlas; o que muere quien no merece morir, porque la Muerte no entiende de méritos.

El mensaje del Ministerio, si lo pensáis, es muy duro. Pero también es, exactamente, lo que necesitamos en una televisión que se empeña en darnos anestesia ante los problemas.

3. Porque habla de la familia. De la que tenemos y de la que elegimos.

Sigo respondiéndome a la pregunta planteada en el primer punto: ¿de qué les sirve a los funcionarios viajar por el tiempo? Aparte de para aceptar su dolor en vez de corregirlo, les sirve para formar nuevas familias cuando están desamparados. Pensémoslo fríamente: los personajes del Ministerio son personajes desarraigados de su propia época, personas que, en un principio, se han quedado sin nada o que simplemente no están cómodas en su lugar de origen. Irene viene de una época en la que no podía ser quien quisiera; Amelia de un hogar donde la constriñen en unas leyes y unas expectativas que no comprende ni comparte. Julián ha perdido a su pareja, que era todo lo que tenía junto con un trabajo del que le despiden. Alonso, por su parte, se ve obligado a renunciar a todo para conseguir vivir.

Cuando digo que en el Ministerio se generan nuevas familias no hablo de papás y mamás, antes de que Amelia Folch, si lee esto, se ponga pálida de horror y salga huyendo. Hablo de la familia que elegimos, la familia de los amigos, de los de verdad, de los que, en palabras de Alonso, “nunca abandonan a un compañero de batalla”. El Ministerio nos enseña que nunca estamos solos. Que siempre hay alguien, al final, que se preocupa por nosotros. Incluso el personaje más solitario y desamparado de esta serie tiene alguien que se preocupa por él. Absolutamente todos.

Y también habla de la familia habitual, la de papás y mamás. Lo hace durante toda la serie, pero particularmente el capítulo de la Vampira del Raval es una muestra brutal de cómo hablar de distintos tipos de familia

4. Porque habla de la mujer. Y de qué manera.

AuraGarrido

Amelia Folch, también conocida como “la puta ama”

No podía no mencionar este punto. No en una serie en la que uno de los mejores personajes es una mujer que no es de acción ni necesita serlo, sino simplemente una mujer inteligente que sabe solventar las situaciones y liderar un grupo con una entereza encomiable. No cuando otro de los personajes es una mujer que ha huido de una época de opresión y que encima cumple el papel de hablarnos sobre la orientación sexual no heteronormativa desde la normalización más absoluta. No cuando otro de los personajes femeninos se burla del concepto de los celos abiertamente, cagándose en el estereotipo de mujer celosa y controladora, y se nos muestra como alguien que decide sobre su propio cuerpo y su libertad sexual sin ningún tipo de reparo.

No en una serie que por cada hombre que emite una duda infundada sobre una mujer (como Spínola o el propio Alonso al principio) nos da una contraréplica estupenda que defiende la figura femenina. No con un capítulo como el que cierra la temporada, en el que se pone de manifiesto lo que no hace tanto sufría la mujer en nuestro país. Lo que algunas, de hecho, siguen sufriendo.

5. Porque la serie es la maravilla que es, y nos hace sentir mucho.

Los seguidores de esta web sois sobre todo gente lectora, así que apelaré a eso. ¿Conocéis la sensación de acabar un libro, y ese vacío imposible que se adueña de uno después? Eso me pasó ayer con el Ministerio del Tiempo. Insisto en que no sé si nos hemos despedimos de esta serie para siempre o no lo hicimos, pero deseo que no, porque esta serie me ha regalado tantos momentos de risas como lágrimas; porque me ha hecho volcarme con los personajes de tal manera que me parecería factible encontrármelos cualquier día por la calle. Porque el Ministerio del Tiempo es una maravilla de las que no te olvidas, no es una serie de consumo rápido que devoras y ya está. Es una serie que se queda contigo.

A quien sea que tenga que tomar esta decisión: por favor, haced que esto no sea solo un sentimiento, haced que sea cierto: que el Ministerio se quede con nosotros mucho tiempo más.

Patrulla

Y si además puede volver Pacino, pues mejor.

Young Adult: combatiendo prejuicios

Me ha dicho Iria que debería escribir un artículo sobre New Adult, esas novelas que tan de moda están pero parece que nadie sabe definir. Ese era mi objetivo inicial. Y prometo hacerlo. En el futuro. Pero me he dado cuenta de que para tener un concepto de lo que es el New Adult (y poder desestimar unos cuantos prejuicios), primero hay que tener una buena base de lo que es el Young Adult. Hay demasiadas concepciones erróneas sobre este tipo de literatura, y todo parte de que, por lo general, no se sabe ni de dónde viene ni los problemas monumentales que existen para definir y limitar un tipo de literatura que, sin embargo, se consume fervientemente.

Mi misión de hoy es hablaros del Young Adult e intentar arrojar un poco de luz aunque, probablemente, os deje con aún más dudas al final del artículo. Porque, al fin y al cabo, cuanto más ahondas en un tema, más profundo ves que es. (Hasta que al final te quedas sin aire y mueres de forma agónica en la oscuridad… metafóricamente, claro.)

Empecemos por el principio: dicen que al principio no había nada, pero está claro que siempre ha debido haber algo, porque sino todo lo demás no se habría creado.

Uy. Perdón. Quizá no tan al principio. Conformémonos con el principio de la literatura juvenil. Aunque me gustaría usar el término en inglés, porque tiene unas implicaciones que el español no ha sabido adaptar del todo y porque, al fin y al cabo, yo me siento más cómoda con él (espero que no os importe, llamémoslo deformación profesional): Young Adult (YA para los amigos).

Aclarado esto…

MemeYA1

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Opinión: After, un amor más bien finito.

¡Hola a todos de nuevo por aquí, cuentistas! ¡Iria al habla! Hoy os traigo un artículo referente a una saga de libros que es el último fenómeno que triunfa en literatura juvenil. Hablo de After, una tetralogía escrita por Anna Todd; su primer volumen salió a la venta el 29 de octubre del año pasado, pero según datos de Nielsen ha entrado en la lista de libros más vendidos entre todo el 2014 hasta marzo de 2015 con más de 40.000 copias. Recientemente, ha sido el segundo libro de literatura juvenil más vendido durante el día del libro. Sigue leyendo

Opinión: El trato con el lector

¡Hola, cuentistas! Hoy vengo un poco reflexiva. Últimamente, desde que Selene y yo sacamos al mercado Alianzas, hay algo que me sorprende. Bueno, en realidad hay muchas cosas que me sorprenden, y la mayoría de ellas maravillosas, pero hay una en particular a la que no termino de acostumbrarme: la reacción de los lectores. Pero no, no me refiero a la reacción de los lectores con respecto a la obra,  sino a la reacción de los lectores… con nosotras mismas. 

De las cosas que más nos han comentado en entrevistas o redes sociales, de lo que más se ha remarcado, es que tenemos un trato cercano con el lector, con vosotros. Es cierto, lo tenemos. Pero en muchos casos esto provoca en algunos un estado de impresión, incredulidad o, incluso, agradecimiento. AGRADECIMIENTO. Y yo siempre me pregunto: agradecimiento, exactamente, ¿por qué? Impresión, ¿por qué? Incredulidad, ¿por qué? 

He llegado a una conclusión al respecto: es por falta de costumbre, y oh, ¿soy la única que piensa que esto no debería ser así? Sigue leyendo