Lectores de sensibilidad: lo que son… y lo que no son

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La figura del lector de sensibilidad, o sensitivity reader, ha salido estos días a la palestra con forma de polémica que ha levantado ampollas en los de siempre. En los que usan palabras como “políticamente correcto”, “poscensura”, “piel fina”, o semejantes. Personas que consideran que el hecho de que ahora los movimientos sociales tengan una voz y unos pocos (muy pocos) altavoces para mostrarla es más un problema que una alegría. Y efectivamente, tienen razón: es un problema. Un problema para la normatividad, para el sistema hegemónico, para la clase dominante. Esas voces están hartas de ser silenciadas, de ser apartadas de la narrativa general (la perteneciente a la ficción pero también a la realidad), y han llegado para quedarse.

Pero empecemos por el principio. Para hablar de todo el asunto de los sensitivity readers hay que saber qué son exactamente. Porque el problema quizá sea, en ciertas personas, que no se han enterado bien de qué son.

La manera más sencilla de explicar qué es un SR es compararlo con un lector cero. Cualquier persona que escriba ha tenido uno. Un autor desarrolla una historia y se la da a un primer lector que, desde su lejanía con el texto, podrá identificar agujeros en la trama, incongruencias en los personajes, errores en la escritura. Es una figura que nadie debatiría jamás. De hecho, la propia figura del editor tiene esta labor: mejorar el texto en base a ciertos criterios.

El lector de sensibilidad hace exactamente lo mismo, pero su mirada no está puesta en aspectos puramente formales, sino en algo que en determinados casos puede ser bastante más importante: el tratamiento de personajes no normativos y temas sociales de cualquier índole. Esto es: el lector de sensibilidad cuida la representación de colectivos a los que el autor no pertenece, siempre en base a colectivos a los que ese lector sí pertenece (por ejemplo, un lector de sensibilidad LGBT blanco no puede entrar a juzgar cómo está tratado el racismo; no es su lucha, no sabrá tanto de ella como una persona racializada). ¿Cómo, exactamente? Expliquemos el asunto con ejemplos. Como yo he contado con lectores de sensibilidad alguna vez, del mismo modo que he colaborado desde una perspectiva feminista y bisexual en algunos textos, os explicaré el funcionamiento en estos casos.

Cuando Selene y yo escribimos la novela Ladrones de libertad, desarrollamos a un par de personajes trans. Para ello, reunimos lecturas, vimos algún que otro documental, curioseamos artículos sobre representación del colectivo en ficción. Lo que cualquiera entendería como un proceso de documentación, el mismo que se ha hecho siempre para escribir sobre cualquier cosa. Pero no quisimos (y esto es importante: nosotras no quisimos) quedarnos ahí. Nos parecía que en el texto podían haberse quedado sesgos cisexistas de los que no hubiéramos sido conscientes, producto de la educación social que se recibe actualmente, en la cual las personas trans están apartadas de la narrativa general. Para saber de las personas trans más que un cliché tóxico y erróneo como que “nacen en el cuerpo equivocado”, tienes que buscar sobre ellas. O mejor dicho: tienes que buscarlas a ellas. Y eso hicimos. Tuvimos la suerte de conocer a un par de personas trans que entraban perfectamente en los perfiles de personajes que habíamos creado, y les pasamos la novela. Queríamos que viesen el tratamiento de esos personajes, que vieran el desarrollo de la historia y que nos dijeran si el mensaje que queríamos dar estaba bien generado. Exactamente igual que si fueran lectoras cero.

Nos ayudaron mucho. Como habíamos supuesto, incluso con toda la documentación había un par de sesgos que se habían colado. Detalles, frases hechas (por ejemplo, usar sin querer “cuerpo de chico” o “cuerpo de chica” para referirnos a cuerpos cisnormativos), cosas que se colaban y que podían ir contra la narrativa que nosotras queríamos. Si representábamos a personas trans en nuestra historia queríamos que cuando otras personas trans la leyesen se sintieran acogidas y bien tratadas, no convertidas en una caricatura simplista basada en tópicos. Gracias a la colaboración de esas dos personas trans, la novela salió perfecta en lo que pretendíamos. Cuando personas trans la han leído, nos han dado las gracias de mil maneras diferentes por incluirlas, por defender su derecho a existir y ser visibles y, en general, por hacerles pasar un buen rato en el que se han sentido parte de un mundo que las excluye constantemente.

Esto, para alguna gente, se puede conseguir con la simple documentación. Y eso está genial. Por eso repito: nosotras no quisimos. Porque los lectores de sensibilidad son ante todo una opción. Una decisión del autor, aunque en EEUU ya ha llegado a algunas editoriales que quieren cuidar el contenido no para no ofender a nadie, sino para que las personas a las que ya la sociedad excluye por el mero hecho de existir no se sientan todavía más dañadas cuando es tan fácilmente evitable.

Hay quien cree que los lectores de sensibilidad son una manera de censura. Tras haber explicado el ejemplo, buscad la censura: no existe. Hay varios puntos más que hacen imposible que esto sea censura: ni es una figura obligatoria, ni es una figura de autoridad, ni pasa por encima del creador. Los lectores de sensibilidad se dedican a dar sugerencias. En nuestro caso, estuvimos de acuerdo si no recuerdo mal con todos los poquitos comentarios que recibimos sobre el texto y los modificamos. Pero de no haber estado de acuerdo, no lo habríamos hecho. Igual que cuando un editor te dice que hay que hacer una modificación en tu historia y tú no estás de acuerdo, se dice y por lo general el autor vence. El lector de sensibilidad no es ni editor. No tiene ningún tipo de poder más allá de la recomendación. No tiene, por tanto, ninguna capacidad de censura.

Es más: si tu novela es abiertamente racista, es evidente que no vas a buscar a un lector de sensibilidad racializado para que te lo diga. Pero si tratas el racismo desde una perspectiva de persona blanca, igual te interesa que una persona racializada te diga si estás cayendo en microracismos de los que no eres consciente, o incluso cómo potenciar tu mensaje, o si este llega lo suficientemente bien.

De igual modo, esto no significa que todos los personajes de repente tengan que ser muestras de virtud perfectas y de pureza incontestable, socialmente deconstruidas en todo. Volviendo al ejemplo que os dábamos, en la novela hay algún que otro personaje abiertamente tránsfobo y que no acepta ni valida a los personajes trans. A ese personaje no se le tocó ni una coma en ningún momento. Era así. Era un capullo tránsfobo y misógino. Donde tendríamos que haber tocado el texto es si la narrativa de la historia, el mensaje final de la misma, le diera la razón a ese personaje. No era el caso, como tampoco fue el caso que quienes nos leían dijeran que debiera cambiarse.

Así pues, literalmente no hay ningún motivo (NINGUNO) para que la existencia de los lectores de sensibilidad moleste. Quien no quiera contar con este tipo de revisión seguirá sin hacerlo. Sus historias se mantendrán tal y como le salgan. Y a lo mejor, oye, salen perfectas de esa manera. O a lo mejor no. De joven habría agradecido una buena representación de la bisexualidad en vez de la poca que había considerándonos una fase. Y lo habría agradecido porque me habría sentido representada, menos culpable y menos confundida.

Porque de esto va realmente todo este asunto. No va de lo políticamente correcto: va de personas. Personas que tienen todo el derecho del mundo a no ser un mal cliché como el amigo gay, la negra exótica o la mujer hipersexualizada.

Los lectores de sensibilidad no ayudan a lo políticamente correcto. Lo políticamente correcto sigue siendo la norma. Lo políticamente correcto es aquello que deja que las cosas sigan como están y que no incomoda al sistema que siempre oprime a los mismos.

Y hay personas que estamos cansadas de que todo permanezca igual.

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2 comentarios en “Lectores de sensibilidad: lo que son… y lo que no son

  1. El blog me ha gustado mucho. Creo que teneis toda la razón. Cuando se va algo que no es la norma, ya se nos activa una parte que cree que lo están imponiendo (vamos, que nos ponemos a la defensiva), pero hay que aprender a normalizar y a no censurar (porque esto si que es censura) a gente de colectivos oprimidos.
    Muchas gracias por este texto tan fabuloso.
    Besos!

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